"... al prójimo como a ti mismo"

Seguramente habrás rellenado el espacio de los puntos suspensivos del título con la palabra “Ama”. Tal y como van las cosas en el mundo huelga decir que esto parece una misión más que imposible para la mayoría de mortales. De hecho, podríamos substituirla por otras respeta, valora, perdona, acepta, confía o cuida y la tarea no sería más fácil… Tanto si somos creyentes o no e independientemente de si somos adeptos a una religión u otra o a ninguna de ellas, sin duda todos estamos de acuerdo en que si siguiéramos este principio nuestras relaciones personales y sociales, tanto a nivel individual como entre países, ciertamente irían de otro modo. Si somos honestos tenemos que reconocer nuestro fracaso y nuestra incapacidad de cumplir con un precepto tan sencillo y a la vez tan complicado…  

¡Pero ahora viene la buena noticia! En algunas traducciones de los textos bíblicos encontramos la clave que nos descubre que no lo hemos hecho nada mal! En lugar de utilizar el verbo en su tiempo imperativo ama, en algunos casos se emplea el tiempo futuro amarás (“Amarás al prójimo como a ti mismo”) y esto cambia radicalmente las cosas. Jesucristo simplemente “vaticinó” lo que haríamos generación tras generación en el futuro. Me explico: desde el momento en que dijo estas palabras no hemos dejado en ningún momento de amar a los demás exactamente como nos amamos a nosotros mismos, porque en realidad ¿cuántos de nosotros nos amamos verdaderamente? ¿No nos criticamos nunca? ¿Nos aceptamos tal como somos? ¿Nos perdonamos siempre? ¿Aceptamos con humildad nuestros errores? ¿Hacemos lo que es mejor para nosotros? ¿Nos cuidamos? ¿Nos respetamos? Creo que la mayoría no podemos responder afirmativamente a todas estas preguntas en todas las ocasiones. Así pues, teniendo en cuenta cómo tratamos a los demás, es decir, criticándolos, no aceptándolos como son, no perdonándolos, no aceptando que se equivoquen, no dejando que hagan lo que más les conviene, etc., etc., en realidad estamos amándoles exactamente como nos amamos a nosotros mismos, ¡de modo que estamos cumpliendo a la perfección lo que se nos dijo!

Obviamente no es mi intención poner en duda las intenciones de uno de los más grandes maestros de nuestra historia ni cuestionar ni hacer burla de sus palabras, sino simplemente hacer una reflexión en clave de humor de nuestra ineptitud en cumplirlas… Creo que para poder amar verdaderamente, es decir, amar incondicionalmente, todavía tenemos que recorrer un largo camino. Hasta que no seamos capaces de hacer eso de “ama a tu enemigo” no podremos decir que amamos de verdad. ¡Y eso sí que cuesta! ¿Cómo vamos a amar a quienes nos hacen daño? ¿Cómo vamos a amar a los terroristas, a los asesinos o a los violadores? Quizás si conociéramos su historia, su vida desde que nacieron, sus carencias afectivas y su dolor; quizás si supiéramos que nuestra vida terrenal sólo es una obra de teatro en la que hacemos un papel y que en realidad los actores, nuestras almas, no sufren ni mueren; podría ser que entonces fuéramos capaces, al menos, de comprender y quizás incluso de sentir compasión… Pero es posible que también todo esto sea demasiado difícil de aceptar para algunos.

¡Ojalá pudiéramos hacer las cosas más fáciles! Quizás podríamos dar un primer paso intentando tratar a los demás como nos gustaría que nos tratasen a nosotros. Aunque no seamos capaces de amarnos plenamente (requisito indispensable para poder amar a cualquier otra persona) todos sabemos cómo querríamos que se nos amara a nosotros ¿no crees? Todos necesitamos que se nos acepte, que se nos perdone, que se nos valore, que se nos cuide… Así pues, aceptemos, perdonemos, valoremos cuidemos… sencillamente porque eso es lo que querríamos para nosotros.

Cada vez que mis hijas discuten les digo lo mismo: “No importa quién haya empezado; siempre os decís y os hacéis las mismas cosas y esto no terminará nunca hasta que una de vosotras decida responder de otro modo”. “Pues que empiece ella”, dicen siempre señalando a su hermana. Si esperamos a que sean los otros quienes "empiecen” a amarnos y a tratarnos bien siempre encontraremos la excusa perfecta para decidir que “el otro” no se ha comportado como debería. Sin embargo, en realidad las cosas funcionan exactamente al revés. Es aquello de “uno recoge lo que ha sembrado”. El problema, ahí donde todos acabamos tropezando y decidiendo que esto no va así, es que esperamos “recoger” en el mismo lugar en el que hemos sembrado, es decir, esperamos que las mismas personas a las que tratamos bien sean las que nos traten bien a nosotros… pero no es así. El Universo es muy grande y funciona de una manera global que a menudo nos cuesta percibir. Esto significa que es posible que lo que le hacemos a una persona puede volver a nosotros a través de otra. Mirado así quizás pienses que no vale la pena hacer el esfuerzo, ya que ¿de qué sirve llevarse bien con un vecino que nos está haciendo la puñeta por mucho que con los demás tengamos una relación fantástica? Pues precisamente para que esta buena relación con los otros se mantenga, ya que si nosotros actuásemos del mismo modo que hace él con nosotros, sin duda no sería el único con el que tendríamos una mala relación, pues el resto de vecinos nos trataría igual.

Esto puede costar un poco de comprender y de aceptar, pero seguramente, si echas un vistazo a tu pasado encontrarás más de una ocasión en que las cosas te han funcionado así. Incluso con algo tan material como el dinero sucede lo mismo. A veces hacemos un esfuerzo económico por alguien, ya sea una persona que necesita ayuda o sencillamente para hacer un regalo a alguien para hacerle feliz… El dinero que habíamos gastado vuelve a nosotros de la forma más impensable: alguien nos da dinero porque sí o nos hace un regalo a nosotros, o encontramos una oferta fantástica que nos supone un gran ahorro. Pues lo mismo ocurre con las relaciones. Es una ley universal que funciona siempre. Si quieres algo, dalo tú primero y volverá a ti multiplicado.

Es evidente que si queremos recoger naranjas no podemos plantar patatas. Si queremos amor tenemos que dar amor; si queremos que la gente nos respete, debemos respetar; si queremos sinceridad, tenemos que ser sinceros; si queremos que se nos valore, debemos valorarnos; si queremos que se nos perdone, tenemos que perdonar. En el fondo, de lo que se trata a fin de cuentas es de ponerse en el lugar del otro (¡mira qué fácil!) y comprender que todos estamos juntos en esto; que todos formamos una unidad y que lo que hacemos a otros, en realidad, nos lo hacemos a nosotros mismos… como si se tratara de un ser inmenso y cada uno de nosotros fuéramos sus pequeñas células. ¡Y ésta es verdaderamente nuestra labor! Tomar conciencia de esto es el objetivo final de todo ser humano, y aunque ahora pueda parecernos más difícil incluso que acabar con el paro de un día para otro, tardemos más o tardemos menos algún día llegaremos a ese punto.


4 comentaris:

  1. Lo más difíficl de todo es amarse a uno mismo, si se consigue... Si se consigue, todo es más fácil.
    Me ha encantado tu artículo. Me ha recordado el punto de partida.
    Gracias

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  2. Para aprender a amarnos tenemos que "desaprender" un montón de cosas... ¡y eso cuesta! Pero como se suele decir: "la práctica hace al maestro", así que no debemos dejar nunca de intentarlo por difícil que resulte. ¡Muchas gracias por tu comentario y un abrazo!

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  3. Que maravilloso reibir estas palabras nuevamente!! En otro momento de mi vida otra mujer increìble me las habìa dicho...
    Y recuerdo que le dije: "-.. Mora,...estaràs aquì siempre para recordarme estas cosas?-" y Mora me contestò sonriendo y tranquila: "-quedate tranquila Paulita que si no soy yo alguien màs lo harà por mì! acordate que el mundo conspira a tu favor...-".
    Un abrazo y feliz de saber de vos!!
    Feliz Año!!!

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  4. ¡Un abrazo y feliz año para ti también! Mil gracias por escribir.

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