¿Suspenden los alumnos o suspende el sistema?

Se han escrito muchas páginas acerca del fracaso escolar. Expertos en educación, psicología, pedagogía, etc. han dado ya centenares de explicaciones acerca de sus causas, por lo que no voy a repetir ni cuestionar lo que ya se ha dicho. Es evidente que a pesar de los esfuerzos de padres y profesores, este problema parece no sólo no mejorar sino que empeora año tras año. Sin embargo, el término “fracaso escolar” suele aplicarse exclusivamente a la no obtención del título académico mínimo obligatorio de un sistema educativo, cuando personalmente creo que abarca mucho más que eso… ¿Cómo llamamos entonces al desinterés creciente que muestran los niños y niñas por aprender? ¿No es un fracaso que al cabo de unos meses, semanas o incluso días de haber superado un examen los alumnos ya hayan olvidado lo que aparentemente ya habían aprendido? ¿Por qué les resulta tan tedioso tener que hacer deberes y estudiar?

Fíjate en una cosa: el interés por aprender es algo innato en el ser humano, ¿acaso no todos los niños y niñas de 3-4 años se pasan el día preguntando “por qué”? ¡Sienten una gran curiosidad por todo lo que les rodea y quieren saberlo todo! Cada día descubren nuevas cosas sobre las que preguntar y acosan a los adultos con un interrogatorio interminable que a más de uno le acaban haciendo perder la paciencia y responder con el poco efectivo “¡porque es así!”.  Además pueden pasarse horas concentrados en una actividad que les guste y aprender el funcionamiento de un juego con gran rapidez.

Superada esa etapa y durante los primeros años de escolarización, al margen de los casos con verdaderos problemas de aprendizaje debidos a causas físicas, psicológicas o emocionales, los niños y niñas en general no suelen dar demasiadas muestras de desinterés por aprender. La mayoría suelen incluso alegrarse por adquirir nuevos conocimientos, aunque personalmente creo que a veces se debe a un motivo que ya no tiene mucho que ver con la curiosidad… Cuando empiezan la primaria se les dice “¡Uy, ahora vas a ir al cole de mayores!” y claro, para ser mayor hay que aprender a leer, a escribir y a sumar, de modo que aunque quizás no a todos les parezca algo interesante ponen todo el esfuerzo que pueden para hacer aquello que se supone que les convertirá en “niños y niñas grandes”. No obstante, creo que aunque no se les enseñaran estas materias a esa edad determinada todos ellos acabarían deseando aprenderlas, cada uno en su momento, aunque fueran más mayores, cuando verdaderamente despertaran su interés por el motivo que fuera y seguramente las aprenderían más deprisa.

A medida que crecen y más o menos ya disponen de la información que necesitan acerca de su entorno más cercano, su interés empieza a concentrarse sólo en las cosas que les gustan, les divierten o les atraen, con lo que poco a poco van apareciendo más signos de falta de atención en clase y de indiferencia por algunos temas (evidentemente siguen con mayor disposición aquellos que sí les interesan). Además, esto coincide precisamente con el aumento de asignaturas, deberes y exámenes, con lo que la cosa no hace sino empeorar.

Durante los primeros cursos de primaria la escuela no es sólo un lugar al que van a aprender sino un espacio donde juegan con los amigos y se hacen excursiones y actividades divertidas, de modo que todavía no es muy apreciable “el peso del deber”. Más adelante, cuando empiezan a complicarse las cosas,  eso de ir al cole ya deja de ser tan agradable. Cuando finalmente llegan al instituto es obvio que el desinterés domina por completo y si se presta atención en clase, se hacen los cada vez más numerosos deberes y se estudia es única y exclusivamente por obligación, porque ya han asumido eso de que “para ser algo en la vida hay que estudiar y sacar buenas notas o, al menos, aprobar”.

Sí, claro, es que tienen que alcanzar unos conocimientos mínimos para poder desenvolverse en la vida… pero ¿quién ha decidido cuáles son esos mínimos y por qué? ¿Acaso les servirá de algo aprender a hacer derivadas, formulación química o en qué año murió Luís XVI a no ser que quieran dedicarse específicamente a trabajar de matemáticos, físicos o historiadores? Hoy en día, en la era de la información, en la que todos tenemos al alcance de un “clic” cualquier respuesta a la pregunta más rebuscada sobre el tema que sea, ¿para qué se pretende que los niños y jóvenes dediquen tantas horas a memorizar (que no aprender) tantas cosas que, además, olvidan rápidamente? ¿Por qué a todo el mundo debe interesarle lo mismo? ¿Es que somos todos iguales? Si todos estamos de acuerdo en que educar no es simplemente enseñar conocimientos intelectuales ¿por qué es lo único que finalmente se valora? 
  
¿Cuántos niños y niñas dotados de cualidades extraordinarias acaban creyéndose inútiles porque simplemente no tienen la memoria necesaria para “grabar” en su mente toda esa información? Sin embargo, fíjate en cómo algunos conocen la alineación de cualquier equipo de la liga, canciones enteras de sus cantantes favoritos, nombres de un montón de actores y actrices o que saben cómo moverse por Internet y manejar cualquier programa informático con una facilidad asombrosa. Es sencillo: les interesa. 

Y está claro que el simple hecho de que algo te interese y capte tu atención ya hace que incluso sin esfuerzo quede grabado en tu memoria. De todo lo que lees o ves en la tele ¿qué cosas recuerdas? Pues precisamente las que te interesan, porque cuando algo no capta tu atención sencillamente cierras el libro, cambias de canal o apagas el televisor. A no ser que hagamos el esfuerzo de memorizar algo que no nos interesa, nuestra mente no lo retiene, y aún así, si no lo mantenemos “activo” lo acabamos olvidando. ¿Cómo esperamos entonces que al acabar los estudios (si se acaban) se haya adquirido realmente un nivel de conocimiento verdadero? Lo único que se consigue es un papel llamado “título”, que acredita que has aprobado unos exámenes.

Sólo aquellos jóvenes que no lo consigan y a los que no les afecte lo que les digan en casa o en la escuela (pocos) podrán desarrollar sus capacidades creando quizás negocios de éxito sin más recursos que su creatividad y su capacidad de luchar por lo que desean. Otros, por desgracia, acabarán sintiéndose unos fracasados, creyendo que sólo sirven para “lo que salga”, aceptando trabajos (con suerte) que no les gustan por un sueldo ridículo y sin perspectivas. ¿Cómo esperamos que se sientan felices y con autoestima?

Pero claro, ¿cómo se cambia todo esto? ¿Es que hay que dejar de enseñar la mayoría de cosas? Pues mira, en mi opinión y arriesgándome a que pienses que exagero (o que estoy como una cabra), lo único verdaderamente importante que yo enseñaría "por norma" a TODOS los niños y niñas para poder “funcionar” en la vida diaria sería a leer, a escribir y las cuatro operaciones básicas de matemáticas, y como he dicho antes, quizás cuando ellos mismos lo pidieran. Y el resto… según. En función de las cosas que les interesaran, cada uno descubriría qué cosas necesita aprender. Por ejemplo, si a una niña le gustaran las plantas, se interesaría por saber cosas sobre ellas, sobre su estructura, su desarrollo, su distribución geográfica, sus usos, etc., y eso la llevaría a aprender cosas de otras materias, como geografía o incluso a descubrir conceptos de química que, de otro modo, quizás nunca le interesarían. Iría aprendiendo distintas materias a medida que las necesitase y podría acabar siendo una bióloga excepcional que amara su trabajo y se sientiera realizada.

Está claro que ahora mismo esto es una utopía y que tal y como están las cosas es casi imposible imaginar una atención de ese tipo en las aulas, más aún con los problemas que se están viviendo en la comunidad educativa. Seguramente resultaría muy difícil desarrollar un sistema en el que las cosas pudieran hacerse de ese modo, pero al fin y al cabo ya existen escuelas que han adoptado sistemas alternativos que promueven la autonomía, la iniciativa, la independencia y la capacidad de elegir del alumno. Mucha gente es ya consciente de que las cosas no funcionan, y a decir verdad, el fracaso del sistema educativo es sólo una parte de un gran fracaso general: fracaso del sistema económico, fracaso del sistema político, fracaso del sistema sanitario, fracaso del sistema social… Parece que todo se desplome como un castillo de naipes y que nadie sepa muy bien cómo cambiar las cosas. No obstante, lo más importante es que el hecho de darse cuenta de que algo no funciona determina ya el deseo de cambiarlo. Por difícil que nos parezca poder modificar algo tan “grande” como un sistema educativo, quizás nos sirva de ayuda recordar las palabras de Gandhi: “sé tú mismo el cambio que quieres ver en el mundo”. 

Quizás lo único que podemos hacer ahora sea empezar a valorar a los niños y niñas en la escuela verdaderamente por lo que son, no por los resultados que obtienen y animarles  siempre a seguir adelante aunque no consigan aprobar; decirles a todos que comprendemos su desinterés por determinadas asignaturas, por los deberes y los exámenes, pero que de momento las cosas están montadas así y que pueden tardar mucho en cambiar; apoyarles y reforzar la confianza en sí mismos remarcándoles que, tanto si consiguen un título académico como si no, poseen muchos valores que pueden utilizar para  desarrollar un trabajo autónomo con imaginación y creatividad, que sin duda les puede aportar el “título no oficial” de “realización personal”.


4 comentaris:

  1. Hola Dolors
    Em dic Marta, tinc 37 anys i actualment estic estudiant per ser tècnic en educació infantil.
    Ho faig ara perquè en el seu moment no vaig trobar la motivació ni la orientació per fer-ho.
    Fa 24 anys, quan jo feia 8è d'EGB, es deia que els que “valien” feien BUP i els que no feien FP. Jo vaig decidir fer FP no per que creies que “no valia” sinó perquè ja en el seu moment, pensava com tu. Recordo dir en més d'una ocasió que estava perden el temps, que el que m'ensenyaven no em servia per a res, i que a sobre que em costava retenir-lo a la memòria no veia de que em podria servir saber física, química, història, biologia... quan en cap moment volia exercir aquestes professions.
    Jo volia estudiar decoració, i per fer-ho tenia que fer BUP, COU i aprovar la selectivitat per poder entrar a la Universitat i poder estudiar el que m'agradava. Tres anys perduts per poder arribar a estudiar el que m'agradava!!.
    De totes maneres tampoc vaig acabar el cinc anys d'FP, perquè la única branca que podia accedir era administratiu i tampoc em motiva el suficient.
    Un dia, el tutor em va preguntar:
    - per què no mostrava més interès a les classes i si sabia que el fet de no estudiar suposaria no tindre un bon lloc de treball.
    Jo li vaig respondre dient:
    - que no em serviria de res pel meu futur tot allò que feia a l'escola.
    Ell en va dir:
    - el que estan estudiant és cultura general.
    Li vaig tornar a respondre:
    - per a mi la cultura general és agafar un diari i veure les coses que passen al món, comentar-les i escolar diferents opinions. Que per a mi una bona professió no era una de prestigi o ben vista com podia ser: advocat, metge, notari... sinó aquella que em motivava i m'agradava, i que de moment el sistema educatiu havia fet que la veies com un impossible.

    Fa un parell d'anys vaig decidir posar-me a estudiar perquè vaig descobrir la meva autèntica vocació i per fer-ho tenia que obtindre el Grau Superior. Dons bé, 20 anys després tornava a ensopegar amb la mateixa pedra: un any perdut estudiant matèries que no tenen res a veure amb el que estic estudiant ara. A sobre d'aquell any estudiant, no he retingut res, ja que no recordo gairebé res.

    Salutacions
    Marta.

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  2. Gràcies per escriure, Marta! Jo m'entristeixo cada dia quan veig a les meves filles (sobre tot la gran, que és a l'institut)passant la tarda fent coses que ni els interessen ni els serviran mai de res. I per a mostra un botó: quan de vegades em demanen ajuda he de mirar primer el llibre per poder explicar coses que es suposa que hauria de recordar. Totes dues volen dedicar-se al disseny, així que ja m'explicaràs de què els servirà haver dedicat una pila d'hores a estudiar segons quines coses... Et felicito pels ànims de posar-te a estudiar de nou malgrat tot i et desitjo el millor. Sens dubte seràs una mestra extraordinària! Una abraçada!

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  3. Hola Dolors, coincido contigo en cada palabra, cada punto y cada coma y creo que, quienes pensamos, mejor aún, quienes sentimos así, debemos hacer algo para ayudar a nuestros niños y jóvenes a construir una realidad diferente. Sé que falta mucho, pero también siento que es posible y que día a día se multiplican las personas dispuestas a trabajar por ello... Un abrazo...

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  4. Sí Meli, somos cada uno de nosotros quienes debemos hacer algo y no esperar a que las cosas las cambien los de siempre, pues las soluciones que proponen a los problemas siguen procediendo siempre del mismo lugar, por eso no sirven de nada, ni en educación, ni en economía, ni en política ni en nada. Gracias por tus palabras y un abrazo también para ti.

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